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Preceptoras, monjitas y cadetes que un día renegaron de sus uniformes - - Por ALEJANDRO CASTAÑEDA
 

Un día renegaron de sus uniformes

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Preceptoras, monjitas y cadetes que un día renegaron de sus uniformes

Por ALEJANDRO CASTAÑEDA

Los uniformes pesan. Condicionan, turban, comprometen. Y ponen a más de uno al borde del abismo.

Hace un par de semanas, Liliana, una preceptora de Bariloche que se la pasaba borrando pizarrones y poniendo media falta, un día fue con su novio al aula, se quitó el guardapolvos, posó y de golpe revolucionó la educación patagónica. Un laboratorista desvergonzado -que a esta altura no se sabe si es su verdugo o su manager- la puso de espalda en todos los diarios. La escuela la echó y Liliana no sabía si pedir ayuda al sindicato de los docentes o al de los strippers.

Hace menos, dos monjitas jóvenes y guatemaltecas, que fogoneaban su vocación y sus oraciones en el Hogar Marín, se mandaron un operativo de película. Aburridas y audaces, fingieron un secuestro, pidieron 63 mil dólares de rescate y viajaron a Buenos Aires para poder conocer de cerca los pecados. El alocado pedido sacudió los cimientos de una casona que no conoce otros temblores que los de los viejitos titubeantes. La hermana superiora nunca había imaginado tanta plata. "Ni vendiendo todos los bastones, llegamos", le dijo a los de la Cooperadora. Pero de a poco surgieron indicios claros de que las hermanas no la estaban pasando mal y que sólo querían probar el sabor de un fin de semana largo en Baires. Pero la policía llegó a tiempo. Perdedoras y confundidas, volvieron al Marín. El voto de silencio les permite guardar el misterio de su escapada. Ahora rezan más que nunca y piden disculpas por un rapto de locura planeado entre misas y campanadas.

¿Qué pasa en los claustros? ¿Por qué todos quieren sacarse el uniforme y probar cambios de hábitos tan drásticos? La TV tuvo algo que ver. La preceptora, después del alboroto y el susto, pidió asilo en un teatro de Sofovich. Las monjitas pedigüeñas, que con los asilos no querían saber nada, confesaron que les gusta el cine y que siempre se han sentido más identificadas con "Thelma y Luise" que con "La hermana San Sulpicio".

Las tres buscaban algo más que el escándalo. Liliana aspiraba a renovar el polimodal convirtiendo al aula en una plaza más interactiva y participativa. Y las hermanitas parece que habían decidido hacerse cuentapropistas y montar con esos dólares al menos una capillita, como para empezar de a poco.

Y el fin de semana juntó otra vez a claustros, uniformes y desenfreno. El hecho fue protagonizado por oficiales de la Bonaerense que regresaban de un curso de capacitación en Mar del Plata. En pleno ómnibus, alegres por el certificado logrado, la patrulla armó un festival de contravenciones. Hubo gritos, música, alegría y, en algunos asientos, un poco más de entretenimiento. Por lo que se supo, fue un viaje movido y disipado. El resto de los pasajeros pedía cordura, pero al fondo del coche seguían los actos de servicio.

"Quiero una nueva policía", ha dicho más de una vez el ministro Arslanián. Respondiendo a esa proclama, media docena de egresadas tiraron el uniforme a un lado y aprendieron, en plena carretera, dos lecciones de fierro: la vocación más de una vez exige poner el cuerpo; y ser de la policía montada, es bravo.

http://www.eldia.com.ar/

 

Argy_John 21-5-2006 14:58:

Mira vos que cosa...

la vez pasada estaba pensando en este asunto de los uniformes, como ha ido pasando la mania.-

Cuando uno ve peliculas o noticiosos de los años 30 (no, yo no existia todavia!) pareceria que todo el mundo usaba uniforme, desde los empleados municipales hasta por supuesto los miembros de un partido politico o los estudiantes de las escuelas secundarias.-

En la actualidad practicamente nadie usa uniforme salvo la policia y las fuerzas armadas. Aca ni los choferes de los omnibus usan uniforme, a veces usan la gorra, pero eso si hay mucho sol. Los curas y las monjas lo mismo, a veces te cuesta un poco darte cuenta si una mujer es una monja o simplemente una señora vestida de gris.-

Pareceria como que la gente se va secando un poco de la uniformidad mental que implica el uso de un uniforme externo? O a lo mejor la uniformidad mental ha ido desapareciendo asi que la gente abandona los sintomas externos?

Saludos desde Milano de

JC

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